Archivo para el mes Septiembre, 2009

Un mundo de luz y color

Esto que voy a explicar a continuación es una de las demostraciones más palpables de que nuestro mundo no es como creemos que es. Vamos a hacer un experimento mental. Mira cualquier cosa que tengas a mano, lo que sea. Tiene un color determinado, una textura, olor, quizás incluso sabor, y probablemente, si lo golpeas, hace ruido.

Para entender lo siguiente, voy tener que dar una pequeña lección de física.

La luz, está formada por ondas electromagnéticas. Éstas pueden variar su frecuencia, modificándose así el color de la luz. Puede llegarnos con una intensidad muy alta, o muy baja.

Con los sonidos pasa lo mismo: son ondas,en este caso mecánicas (necesitan un medio para propagarse). El sonido será más agudo o más grave dependiendo de su frecuencia.

Bien, parémonos a pensar en ello: son ondas, las ondas son energía, la energía es invisible. Entonces, ¿por qué percibimos los colores?. Siento decepcionaros amigos pero el mundo real no tiene color, no es ni siquiera en blanco y negro (estos dos son colores), es totalmente negro.

Si tuvieramos la capacidad de ver  fuera de nuestros ojos, no veríamos nada, porque el ojo no es más que un artista de la naturaleza. Este órgano, ayudado por el cerebro, inventa los colores. Asigna una tonalidad a cada frecuencia de onda, y nosotros percibimos esta ilusión creada en nuestro cuerpo, pero que para nada se corresponde con la realidad.

La prueba de esto es que hay animales incapaces de detectar ciertos colores, como los perros y los gatos. Hay personas daltónicas (suelen confundir el verde y el rojo), pero también hay personas que pueden ver un color más que el resto de los humanos (tetracromáticos). Estas personas suelen diferenciar colores muy parecidos, pero que ellos ven muy diferentes. Es como si su gama de colores fuera mucho más variada que la normal.

Las serpientes, por ejemplo, detectan las luces infrarojas, que son despedidas por todo cuerpo caliente.

Creemos que nuestro mundo, el que vemos, es el real, pero ¿por qué no iba a ser real el que ve la serpiente?. Como dije antes, ninguno de ellos es real. El mundo no tiene colores y los infrarojos detectados por la serpiente no son más que las mismas ondas invisibles que forman la luz.

Con el sonido pasa lo mismo. Los objetos, al moverse, golpearse, etc., hacen vibrar el aire. Estas vibraciones llegan a nuestros oídos, y son recogidas por el tímpano. Dependiendo de cómo vibre el tímpano, el cerebro crea en nuestra mente un sonido u otro. Este fenómeno es apreciable en la infancia. Los niños son capaces de oir sonidos mucho más agudos que los adultos, porque el oído aún no está totalmente desarrollado.

Los perros oyen sonidos a frecuencias mucho más altas que los seres humanos, al igual que las ballenas, osos, y muchos animales más.

Pero estos sonidos no existen realmente. Son una creación de nuestro cerebro, que tiene la necesidad de informarnos de alguna manera de las vibraciones del medio que nos rodea.

Otros ejemplos son el gusto y el olfato. Esta vez, nuestro cerebro interpreta las diferentes estructuras moleculares (sustancias) que llegan a nuestra nariz y boca y recrea los datos obtenidos como “sabor” y “olor”. Pero realmente estas sustancias no saben ni huelen a nada. Lo que percibimos es una simple protección de nuestro cuerpo para decirnos “esto es bueno” o “esto es malo”.

La parte más interesante llega cuando nos centramos en el tacto. Si nuestros ojos ven lo invisible, y nuestros oídos oyen lo que no suena, ¿estaremos tocando lo inexistente?

En mi opinión no.

El cuerpo necesita diferenciar la materia de la ausencia de ésta, por lo que pienso que el tacto puede ser simplemente el sentido de la presencia material.

Claro que sería (y de hecho es) una materia negra, vibrante y con una estructura molecular determinada.

Después de esto, podríamos dar una nueva definición de nuestros órganos de lo sentidos:

- Ojo: detector de ondas electromagnéticas.

- Oído: detector de ondas mecánicas producidas por vibraciones.

- Gusto y olfato: detectores de estructuras moleculares.

-Tacto: detector de presencia material.

En fin, bienvenidos al mismo maravilloso mundo de siempre.

La condena de las mentes inocentes

Fieles adorando a su dios.

Quiero empezar este blog de una manera más o menos buena. Y qué mejor que hablar de Dios. Sí, ese ser, antropomorfo, que ha perseguido nuestras mentes desde que no éramos más que unos pequeños saltamontes.

No creo que haga falta decirlo, pero lo aclaro por si acaso: soy ateo. No agnóstico, ni “no-practicante”, soy ATEO. Niego rotundamente la existencia de Dios.

Esto no lo digo con la intención de cabrear a más de uno. Lo que pretendo es explicar mi punto de vista.

Vivimos en un mundo manejado por manos poderosas, más de las que vemos por la tele, y todo movido por una sola cosa: dinero. El dinero corrompe, las ansias de dinero nos hacen hacer cosas que nosotros mismos despreciamos, y aún así las hacemos.

¿Por qué iba una institución, tan prestigiosa como la Iglesia, a quedarse fuera de este enredo? La religión católica solo impone el voto de pobreza a las mujeres (monjas). Si el resto de integrantes de la Iglesia no tienen por qué donar sus ganancias, ¿por qué no iban a querer acumularlas?. No hace falta decir que a más adeptos, más dinero.

Entonces ponen en movimiento la maquinaria de captación de mentes. Es aquí donde entra en juego el nivel de cultura de la “víctima”. Una sola persona lista es capaz de manejar grandes masas de gente poco culta, y es de esto de lo que se aprovechan para atrapar a las personas.

Imagínate que se te acercara una persona, y te intentara convencer de que hace magia, porque puede encender la televisión, y hacer que aparezcan imágenes “de la nada”. La reacción más normal sería soltar una carcajada y llamar a la comisaría, para que lo ingresaran en un centro psiquátrico. Podemos detectar la mentira porque tenemos la suficiente cultura como para saber qué es un televisor y cómo funciona, o al menos para saber que seguro no funciona por magia.

Pero ¿qué pasa cuando la persona “atacada” no sabe siquiera qué es un televisor?. Prueba a darle uno a un aborígen australiano y verás qué pasa. Probablemente te consagren como a un dios y acabes comiendo bananas (es fruta, mal pensado) gratis durante toda tu vida.

De lo mismo se vale la religión para convencer a tantas personas.  Afortunadamente, conforme avanzan los años, la gente empieza a comprender qué hay de verdad detrás de las apariencias, y cada vez menos personas caen presas de los cultos religiosos.

Da pena ver cómo una mente tan manejable como la de un niño, se ve condenada a creer en algo que no existe, simplemente por la falta de cultura de unos padres que, aunque no tengan la culpa de su falta de formación, sí la tienen por no querer aceptar la posibilidad de que, detrás de esa niebla , llamada religión,  haya una realidad distinta, libre y sin sujeciones ni complejos.

¿Quién se atreve a refutarlo?

¡Hola, universo!

Aquí estamos! Esta es la primera entrada del blog. En ella no voy a adentrarme en la temática del mismo, solo me presento. Soy Zaratustra, no os lo creéis? Pues mirad la página de autor, veréis como nos vamos conociendo.

Intentaré publicar temas de interés, de interés para mucha gente, no para todo el mundo. Este blog solo aparecerá en los marcadores de aquellas personas que gustan de pensar, de cuestionarse sus propios ideales y al mundo que los rodea. Ya sabemos que todo lo que podemos ver y tocar no es la realidad, sino una pequeña parte de ella, así que, ¿Por qué no tratamos de descubrirla?