
Esto que voy a explicar a continuación es una de las demostraciones más palpables de que nuestro mundo no es como creemos que es. Vamos a hacer un experimento mental. Mira cualquier cosa que tengas a mano, lo que sea. Tiene un color determinado, una textura, olor, quizás incluso sabor, y probablemente, si lo golpeas, hace ruido.
Para entender lo siguiente, voy tener que dar una pequeña lección de física.
La luz, está formada por ondas electromagnéticas. Éstas pueden variar su frecuencia, modificándose así el color de la luz. Puede llegarnos con una intensidad muy alta, o muy baja.
Con los sonidos pasa lo mismo: son ondas,en este caso mecánicas (necesitan un medio para propagarse). El sonido será más agudo o más grave dependiendo de su frecuencia.
Bien, parémonos a pensar en ello: son ondas, las ondas son energía, la energía es invisible. Entonces, ¿por qué percibimos los colores?. Siento decepcionaros amigos pero el mundo real no tiene color, no es ni siquiera en blanco y negro (estos dos son colores), es totalmente negro.
Si tuvieramos la capacidad de ver fuera de nuestros ojos, no veríamos nada, porque el ojo no es más que un artista de la naturaleza. Este órgano, ayudado por el cerebro, inventa los colores. Asigna una tonalidad a cada frecuencia de onda, y nosotros percibimos esta ilusión creada en nuestro cuerpo, pero que para nada se corresponde con la realidad.
La prueba de esto es que hay animales incapaces de detectar ciertos colores, como los perros y los gatos. Hay personas daltónicas (suelen confundir el verde y el rojo), pero también hay personas que pueden ver un color más que el resto de los humanos (tetracromáticos). Estas personas suelen diferenciar colores muy parecidos, pero que ellos ven muy diferentes. Es como si su gama de colores fuera mucho más variada que la normal.
Las serpientes, por ejemplo, detectan las luces infrarojas, que son despedidas por todo cuerpo caliente.
Creemos que nuestro mundo, el que vemos, es el real, pero ¿por qué no iba a ser real el que ve la serpiente?. Como dije antes, ninguno de ellos es real. El mundo no tiene colores y los infrarojos detectados por la serpiente no son más que las mismas ondas invisibles que forman la luz.
Con el sonido pasa lo mismo. Los objetos, al moverse, golpearse, etc., hacen vibrar el aire. Estas vibraciones llegan a nuestros oídos, y son recogidas por el tímpano. Dependiendo de cómo vibre el tímpano, el cerebro crea en nuestra mente un sonido u otro. Este fenómeno es apreciable en la infancia. Los niños son capaces de oir sonidos mucho más agudos que los adultos, porque el oído aún no está totalmente desarrollado.
Los perros oyen sonidos a frecuencias mucho más altas que los seres humanos, al igual que las ballenas, osos, y muchos animales más.
Pero estos sonidos no existen realmente. Son una creación de nuestro cerebro, que tiene la necesidad de informarnos de alguna manera de las vibraciones del medio que nos rodea.
Otros ejemplos son el gusto y el olfato. Esta vez, nuestro cerebro interpreta las diferentes estructuras moleculares (sustancias) que llegan a nuestra nariz y boca y recrea los datos obtenidos como “sabor” y “olor”. Pero realmente estas sustancias no saben ni huelen a nada. Lo que percibimos es una simple protección de nuestro cuerpo para decirnos “esto es bueno” o “esto es malo”.
La parte más interesante llega cuando nos centramos en el tacto. Si nuestros ojos ven lo invisible, y nuestros oídos oyen lo que no suena, ¿estaremos tocando lo inexistente?
En mi opinión no.
El cuerpo necesita diferenciar la materia de la ausencia de ésta, por lo que pienso que el tacto puede ser simplemente el sentido de la presencia material.
Claro que sería (y de hecho es) una materia negra, vibrante y con una estructura molecular determinada.
Después de esto, podríamos dar una nueva definición de nuestros órganos de lo sentidos:
- Ojo: detector de ondas electromagnéticas.
- Oído: detector de ondas mecánicas producidas por vibraciones.
- Gusto y olfato: detectores de estructuras moleculares.
-Tacto: detector de presencia material.
En fin, bienvenidos al mismo maravilloso mundo de siempre.