Fieles adorando a su dios.

Quiero empezar este blog de una manera más o menos buena. Y qué mejor que hablar de Dios. Sí, ese ser, antropomorfo, que ha perseguido nuestras mentes desde que no éramos más que unos pequeños saltamontes.

No creo que haga falta decirlo, pero lo aclaro por si acaso: soy ateo. No agnóstico, ni “no-practicante”, soy ATEO. Niego rotundamente la existencia de Dios.

Esto no lo digo con la intención de cabrear a más de uno. Lo que pretendo es explicar mi punto de vista.

Vivimos en un mundo manejado por manos poderosas, más de las que vemos por la tele, y todo movido por una sola cosa: dinero. El dinero corrompe, las ansias de dinero nos hacen hacer cosas que nosotros mismos despreciamos, y aún así las hacemos.

¿Por qué iba una institución, tan prestigiosa como la Iglesia, a quedarse fuera de este enredo? La religión católica solo impone el voto de pobreza a las mujeres (monjas). Si el resto de integrantes de la Iglesia no tienen por qué donar sus ganancias, ¿por qué no iban a querer acumularlas?. No hace falta decir que a más adeptos, más dinero.

Entonces ponen en movimiento la maquinaria de captación de mentes. Es aquí donde entra en juego el nivel de cultura de la “víctima”. Una sola persona lista es capaz de manejar grandes masas de gente poco culta, y es de esto de lo que se aprovechan para atrapar a las personas.

Imagínate que se te acercara una persona, y te intentara convencer de que hace magia, porque puede encender la televisión, y hacer que aparezcan imágenes “de la nada”. La reacción más normal sería soltar una carcajada y llamar a la comisaría, para que lo ingresaran en un centro psiquátrico. Podemos detectar la mentira porque tenemos la suficiente cultura como para saber qué es un televisor y cómo funciona, o al menos para saber que seguro no funciona por magia.

Pero ¿qué pasa cuando la persona “atacada” no sabe siquiera qué es un televisor?. Prueba a darle uno a un aborígen australiano y verás qué pasa. Probablemente te consagren como a un dios y acabes comiendo bananas (es fruta, mal pensado) gratis durante toda tu vida.

De lo mismo se vale la religión para convencer a tantas personas.  Afortunadamente, conforme avanzan los años, la gente empieza a comprender qué hay de verdad detrás de las apariencias, y cada vez menos personas caen presas de los cultos religiosos.

Da pena ver cómo una mente tan manejable como la de un niño, se ve condenada a creer en algo que no existe, simplemente por la falta de cultura de unos padres que, aunque no tengan la culpa de su falta de formación, sí la tienen por no querer aceptar la posibilidad de que, detrás de esa niebla , llamada religión,  haya una realidad distinta, libre y sin sujeciones ni complejos.

¿Quién se atreve a refutarlo?